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Afuera, el viento masoquista se estrella contra los muros, uno lo escucha gritar, lo ignora otra vez. Las cortinas de mi habitación danzan al son de su dolor, me levanto de la cama, con mucho esfuerzo por todas las dudas, por todo el temor; bailo, mis manos frías extendidas, mis piernas heridas se mueven imitando a las cortinas, y de repente olvido. En mi pecho siento el dolor del viento latir, cierro los ojos y lo he dejado todo, aquello que dudaba o temía se quedó entre las sábanas. Me sacudo hasta que no me alcanza el aire, todo se detiene; el viento, la cortina y yo, entonces te veo, en una esquina sonriendo, te sonrío de vuelta. A mi lado lo que está entre las sábanas me pide regresar con ellas, del otro vos alzás la mano, y un silencio aterrador cobra vida como sombras, se me nubla la vista, entra el vértigo, se me entumece el cuello. Antes de caer, lo sé, de qué trata todo esto: Quiero despertar en la cama, sobre esas mismas sábanas con vos. 

 

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